La trayectoria de Javier Osante Solís parece demostrar que en la política mexicana no siempre se necesita ganar elecciones para vivir del erario. Durante 19 años ha ocupado cargos públicos, casi siempre bajo la sombra y el impulso de una misma figura: Ivonne Ortega Pacheco.
Su historia comenzó en 2007 cuando, siendo un joven estudiante sin experiencia política relevante, fue nombrado secretario de la Juventud. Desde entonces, los cargos llegaron uno tras otro. Diputado local plurinominal, director del INCAY y nuevamente diputado por la vía de representación proporcional. Más que una carrera construida en las urnas, sus críticos ven una trayectoria sostenida por padrinazgos políticos y relaciones personales.
Quienes cuestionan su permanencia recuerdan que formó parte de una legislatura que aprobó endeudamientos millonarios para Yucatán y que, tras casi dos décadas en la vida pública, resulta difícil identificar logros de gran impacto que justifiquen tantos años cobrando del presupuesto. Incluso episodios como la polémica campaña donde ofrecía donar apenas un peso por cada seguidor en redes sociales siguen siendo recordados como ejemplo de desconexión con la realidad ciudadana.
Hoy, convertido nuevamente en diputado plurinominal, la percepción entre sus detractores es contundente: Javier Osante representa una forma de hacer política donde los cargos no dependen necesariamente del respaldo ciudadano, sino de las alianzas correctas. Para muchos, más que una carrera política propia, su historia parece la de alguien que encontró en la cercanía con el poder una forma permanente de mantenerse dentro del presupuesto público.

