. Presumir la siembra de 9 mil árboles puede dar buenas fotografías, pero plantar no significa recuperar el patrimonio natural de Mérida. El Ayuntamiento no ha transparentado cuántos de esos árboles siguen vivos, qué porcentaje sobrevivió, cuántos fueron reemplazados ni qué auditorías respaldan los resultados. Sin esos datos, el anuncio queda en propaganda.
La propia autoridad reconoce que entre 2001 y 2023 Mérida perdió 9,470 hectáreas de cobertura arbórea. Frente a esa devastación, los 9 mil árboles representarían, en el mejor de los escenarios, apenas 22.5 hectáreas, es decir, alrededor del 0.24 % de la superficie perdida. La diferencia es abismal.
Además, el inventario del arbolado urbano de 2016-2017 ya advertía que gran parte de los árboles estaban en condiciones regulares o malas. Desde entonces no existe información pública suficiente que permita conocer si la situación mejoró o empeoró. Resulta contradictorio afirmar que “lo que no se mide no existe”, mientras se omiten indicadores esenciales como la supervivencia, el mantenimiento y el balance real entre árboles perdidos y recuperados.
Más que una estrategia ambiental integral, la Cruzada Forestal parece una campaña de imagen: eventos, fotografías y cifras llamativas, mientras la pérdida de áreas verdes continúa avanzando.

