La explicación del Ayuntamiento de Mérida sobre la cancelación de las transmisiones del llamado “Mérida Futbol Fest” deja más preguntas que respuestas. La alcaldesa Cecilia Patrón Laviada asegura que no se pagará por los derechos de transmisión de los partidos, pero eso no significa que el proyecto no haya representado un gasto importante para las finanzas municipales.
Durante semanas se promovió el evento en redes sociales, espacios públicos y diversos puntos de la ciudad. También se instalaron estructuras promocionales, se distribuyó material publicitario y se impulsó una intensa campaña de difusión para presentar el proyecto como un gran atractivo para los aficionados al fútbol.
La pregunta es inevitable: si no se verificó desde un principio la viabilidad de transmitir los encuentros, ¿por qué se destinó tiempo, recursos y promoción a un evento que terminó sin cumplir su principal objetivo? Lo que hoy se presenta como una decisión para evitar gastos adicionales llega después de una inversión considerable en publicidad y logística.
Para muchos ciudadanos, el problema no es únicamente que no se paguen los derechos de transmisión, sino la falta de planeación que permitió impulsar una iniciativa sin tener resueltos aspectos fundamentales. Mientras Mérida enfrenta problemas de infraestructura, calles deterioradas e inundaciones recurrentes, el fracaso del Mérida Futbol Fest se suma a la lista de proyectos que generaron expectativas, publicidad y reflectores, pero pocos resultados concretos para la ciudadanía. La realidad es que no se gasto por que en la obra es donde esta el verdadero moche y asi obtendra mas ella.

