La realidad de las inundaciones en Mérida dista mucho de la narrativa oficial que culpa a los ciudadanos por tirar aguas jabonosas. Lo que verdaderamente ocurre es la consecuencia de 30 años de crecimiento desmedido solapado por los ayuntamientos panistas, quienes se han enfocado en permitir la construcción masiva sin planeación, a cambio de miles de millones de pesos en “moches”, consolidando lo que hoy se conoce como la mafia inmobiliaria panista. Al ser socios de los desarrolladores, no les exigieron infraestructura hidráulica adecuada.
Durante décadas se dependió de sumideros rústicos que han afectado el manto freático, y nunca existió un plan real para desarrollar drenajes alternos o pozos de absorción eficientes. Hoy, en plena época de lluvias, la ineficiencia es total: el ayuntamiento apenas perforó unos 10 pozos para la foto y abandonó las obras. Con los meses más críticos (agosto y septiembre) por delante, el riesgo de inundaciones es inminente. La prioridad no es el ciudadano, sino el gasto millonario en las redes sociales e imagen de la alcaldesa.

