repente a nuestros ilustres diputados del PAN les dio un ataque severo de responsabilidad fiscal y estreñimiento presupuestal. Y es que, de la noche a la mañana, la bancada blanquiazul ha descubierto el sagrado arte de “condicionar” los recursos para el estado. Resulta que ahora, pedir un crédito de 1,500 millones de pesos para el beneficio de los ciudadanos les parece un pecado mortal que requiere tres mil candados, cuatro comisiones y la bendición del mismísimo Cristo de las Ampollas.
Pero ¡miren qué memoria tan selectiva tienen en el Congreso! Parece que el calor de la blanca Mérida les borró el cassette de cuando gobernaba Mauricio Vila . En aquel entonces, los mismos legisladores no tuvieron empacho ni remordimiento en autorizar de un plumazo hasta 3,063 millones de pesos para las obras del Puerto de Progreso, dejándonos bien abrochados con la deuda. ¡Más del doble de lo que hoy se pide! Y en esa época no hubo tanto pancho, ni tanta condición, ni tanta maroma parlamentaria. ¡Aprobado, por los panisas!
Pregunta para el distraído: ¿Por qué 1,500 millones requieren hoy condiciones y peros que jamás tuvieron el mismo peso político cuando el gobierno panista pidió endeudarnos con más de 3,000 millones?
Para este proyecto metropolitano ya se hicieron mesas de trabajo con la ciudadanía, especialistas, empresarios y cámaras del estado. La gente ya habló sin rodeos. Sin embargo, el PAN insiste en volver a ponerse en medio como la tía metiche en fiesta de quinceaños, queriendo decidir cómo y con quién se procesan las decisiones. Lejos de fiscalizar con seriedad, la oposición demuestra que la vara política en Yucatán no mide por presupuesto ni por transparencia, sino por el color del chicharrón que esté en el poder.

