¿Qué pasó con las ocho toneladas de carne del Rastro Municipal?

El Ayuntamiento panista guarda silencio mientras la salud de los meridanos queda en segundo plano.

Una contingencia en el sistema de refrigeración del Rastro Municipal de Mérida habría inutilizado aproximadamente 90 canales de cerdo, más de ocho toneladas de carne destinadas al consumo humano. El producto perdió la cadena de frío y debió someterse a protocolos sanitarios de disposición final para evitar cualquier riesgo a la población.

Hasta hoy, el Ayuntamiento no ha emitido información pública alguna. Ni cuándo ocurrió, ni el volumen exacto afectado, ni qué autoridad supervisó la destrucción del producto, ni cómo se garantizó que no reingresara a la cadena alimentaria. Abastos de Mérida, organismo a cargo de la operación y encabezado por Osiris Alfonso Ávila Cordero, mantiene el absoluto hermetismo.

Cuando toneladas de carne quedan fuera de control sanitario, el asunto deja de ser una simple falla operativa y se convierte en una cuestión de salud pública. La falta de transparencia no es un detalle administrativo: es una decisión que prioriza el control de la narrativa sobre el derecho de los ciudadanos a saber qué ocurre con los alimentos que llegan a su mesa.

El silencio institucional revela una preocupante ausencia de protocolos de comunicación ante contingencias que comprometen la inocuidad alimentaria. Mientras el Ayuntamiento panista elige no informar, la confianza de los méridanos en los sistemas de control sanitario del municipio se erosiona.

En materia de salud pública, la opacidad no es neutral. Es una forma de desinterés.